Arnold Schöenberg nació el 13 de septiembre de 1874 en Viena, fue compositor, teórico musical y pintor de origen judío. Es reconocido como uno de los primeros compositores en adentrarse en la composición atonal, y especialmente por la creación de la técnica del dodecafonismo basada en series de doce notas, abriendo la puerta al posterior desarrollo del serialismo de la segunda mitad del s. XX. Además, fue el líder de la denominada Segunda Escuela de Viena.
Planteó una de las grandes revoluciones estéticas del siglo XX convencido de que continuaba la tradición alemana. Le interesaba inscribirse dentro de una tradición cultural arraigada para apoyarse en algo conocido y seguro, antes de saltar al vacío y abandonar definitivamente la tonalidad funcional. Así, llevaría el cromatismo wagneriano a su punto culminante, hasta desintegrar el sistema y crear otro nuevo, basado en reglas muy diferentes, alejadas de la tensión entre armónicos que había reinado durante tres siglos en la música occidental. Sus postulados teóricos, parecidos a los de Stravinsky, tienen diferentes consecuencias: el arte no expresa ni transmite otra cosa que arte. Se trata del arte por el arte. Schoenberg buscaba que cada sonido y cada intervalo entre sonidos tuvieran un valor en si mismos independientemente de su funcionalidad tonal. Su preocupación fundamental fue lograr una concepción que estuviera caracterizada por las ideas de integridad y totalidad.
Su música deja de situarse en el sistema tonal mayor-menor a partir de 1908, es decir, que a partir de ese momento su música se vuelve atonal (Cuarteto para cuerda nº 2). Schönberg rechazaba esta denominación, y prefería el término “politonal”. Más tarde, los conceptos de “atonal” y “atonalidad” se impusieron. Sin embargo, son aún muy discutidos en la música, y no deben considerarse sinónimos. Esta fase, conocida como la “Libre atonalidad”, condujo las ideas de Schönberg sobre composición a un callejón sin salida, ya que necesitaba nuevos catálogos de material y de reglas para cada nueva composición. Luego de numerosos intentos, escribió a su discípulo Josef Rufer en julio de 1921: “Hoy he realizado un descubrimiento que asegurará la supremacía de la música alemana durante los próximos cien años”.
Entre 1906-1912, así como en 1913, Schönberg se dedicó con esmero a la pintura. En vida, sus cuadros ya habían formado parte de diez exposiciones, entre las que se cuenta la exposición El Jinete Azul, iniciada por su colega y amigo Vasili Kandinski. Muchas declaraciones críticas, a despecho de su diletantismo, brindaron a las obras escultóricas un mayor significado a partir de su muerte. Schönberg ocupa en la actualidad, por su propio mérito, una posición entre los principales pintores de la época como Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Richard Gerstl, Gustav Klimt, Max Oppenheimer y Albert Paris Gütersloh.
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